Páginas

martes, 15 de abril de 2014

Los perros vienen del lobo que comía hidratos de carbono de la basura

Lo primeros perros podrían haber sido los lobos que hurgaban en la basura de las granjas. A falta de presas, los carnívoros que empezaron a comer hidratos de carbono –féculas y restos de cereales– habrían desarrollado su sistema alimenticio y digestivo. Su dependencia de los humanos los habría obligado también a domesticarse.
Un estudio firmado por un equipo de investigadores estadounidenses y suecos publicado ayer en la revistaNature demuestra que los perros tienen más genes involucrados en el metabolismo de féculas que los lobos, lo que le lleva a deducir que el cambio de alimentación fue un factor fundamental en la evolución del animal salvaje.
La evolución del lobo al perro domesticado es un paso clave en la historia de la civilización muy controvertido, del que hasta ahora había muy poca información relacionada con los cambios genéticos. Aunque no se sabe con exactitud cuándo se produjo la transformación, ni cuándo establecieron una relación tan cercana con los humanos, los restos fósiles avalan que fue hace varios miles de años.
Hasta ahora, la opinión dominante defendía que el perro moderno evolucionó a partir de los lobos que los cazadores amaestraron para que les ayudaran a atrapar y recoger presas. El estudio publicado ayer apunta, sin embargo, a que la domesticación empezó con los lobos que robaban comida a los agricultores y que se acabaron adaptando a su modo de vida.
Los científicos compararon la reconstrucción del genoma completo de ambas especies (analizaron 50 perros y 12 lobos de todo el mundo). Descubrieron que hay 36 regiones génicas, algo más de 100 genes, fundamentales para la evolución con dos tipologías: los genes del cerebro y los genes del aparato digestivo, con un papel fundamental en la absorción de las féculas y el metabolismo de las grasas. Identificaron también las mutaciones en los genes clave que dan información sobre la evolución del sistema digestivo de los perros. El estudio apunta a que el abandono de una dieta estrictamente carnívora por parte de los perros puede ser la clave de su evolución.

Si hay pan, ¿quién se pelea por un filete?

Cuando vienen mal dadas, el que sobrevive no es el más bestia. Es el que busca mejor entre la basura

Hay una tradición tremebunda de la comunicación de la ciencia, y de la ciencia en sí misma, que identifica la evolución biológica con sus metáforas más encarnizadas: la lucha por la vida, la supervivencia del más apto, la “naturaleza roja en diente y garra” con que lord Tennyson tasó el darwinismo, incluso 10 años antes de la publicación de El origen de las especies por Charles Darwin. Tennyson era muy consciente de que la ciencia de su época contradecía la narración bíblica de la creación del hombre, y escribió ese verso en uno de los poemas más memorables de la literatura inglesa, In memoriam AHH, bajo la inmensa pesadumbre intelectual que le producía la evolución, la idea de que el ser humano no ocupaba un lugar especial en la creación, que no era más que una desviación adaptativa de la mente de un mono. Y que, encima, las fuerzas que lo habían creado se encontraban entre las más rastreras imaginables. La naturaleza roja en diente y garra. Una verdad poética.
Pero hay mecanismos evolutivos que no dependen tanto de los dientes y las garras como del palmito y las agarraderas. Casos en que gustar es más eficaz que morder. Como estrategia evolutiva, me refiero. Uno de los ejemplos más espectaculares es el de la invención de las plumas, que evolucionaron en un grupo de dinosaurios mucho antes de que sus descendientes echaran a volar y se convirtieran en las actuales aves. Y en cualquier caso, las plumas por sí solas no bastan para volar, como demuestra el caso de una gallina. ¿Para qué evolucionaron las plumas, entonces?
La respuesta es: para el amor, estúpido. Nacieron como vistoso adorno para atraer al sexo opuesto. Vean el grado de estupidez –y de belleza— que ha alcanzado el pavo real en este terreno.
el ejemplo del lobo que hemos conocido hoy puede ser menos espectacular, incluso menos romántico, pero desde luego ofrece una nueva pista inesperada: que, cuando vienen mal dadas, el que sobrevive no es el más bestia, ni el que tiene más dientes y garras y causa heridas más rojas. Es el que busca mejor entre la basura. Si hay pan, pareció decir el lobo, ¿quién se pelea por un filete? Amor e inmundicia, querido Tennyson.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/24/actualidad/1359049382_717138.html

El lobo ya habita en el Parque Nacional de Guadarrama

Una manada de lobos ibéricos ha escogido el recién estrenado Parque Nacional de Guadarrama para establecerse en Madrid, de donde desapareció en los años 40 del siglo pasado. La especie ya no se limita a entrar y salir de la región a la búsqueda de alimento, como venía haciendo desde 2007 procedente de Castilla y León. Tras varios años de tanteo y reconocimiento del terreno, el lobo ha venido para quedarse. El grupo que la Comunidad de Madrid ha localizado en la sierra está compuesto por dos machos, una hembra y tres lobeznos que nacieron la primavera pasada. Convirtiendo al Parque Nacional en el segundo de la red nacional que cuenta con la presencia de lobos, unos inquilinos tan especiales que le otorgan un estatus diferenciador al ecosistema madrileño. Hasta el punto de hacerle la competencia ni más ni menos que a Picos de Europa, el primer espacio protegido de España.
Ya en 2012 el grupo de naturalistas de la Asociación Sierra Carpetania grabó las andanzas de siete ejemplares, dos adultos (pareja alfa), un subadulto y cuatro cachorros en la zona del valle del Lozoya. Las imágenes demostraban que, por primera vez en 70 años, el lobo había criado en Madrid. Lo que no estaba constatado es que el Canis lupus se hubiera establecido. Ni siquiera la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio tenía pruebas concluyentes de la existencia de este grupo en ese entorno. Los nuevos avistamientos —esta vez por parte de técnicos de la Comunidad— de la manada con sus crías no deja lugar a dudas de que los cánidos se sienten a sus anchas en la zona y que han escogido este territorio para vivir.
“Debemos felicitarnos, porque su presencia indica que el lobo ha encontrado en la región todo lo necesario para asentarse, lo que apunta a que disfrutamos de una biodiversidad envidiable”, declara el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Borja Sarasola, que también pone como ejemplos de la “recuperación y consolidación” de los espacios naturales autonómicos la instalación en Madrid de especies como la nutria y los buitres.
A lo largo de los últimos meses, el Gobierno regional ha realizado un trabajo de seguimiento y control de las poblaciones de lobo ante la posibilidad de que algunos de los ejemplares que venían realizando incursiones desde la vertiente segoviana terminara por asentarse en la sierra madrileña. Además, se han llevado a cabo esperas y conteos indirectos en base a recogida de heces o de pelo.
De esta forma, los técnicos han podido determinar la presencia estable de un núcleo familiar en la comarca del Lozoya. En las imágenes, captadas mediante la técnica de fototrampeo, se observa a tres lobeznos nacidos esta primavera y tres individuos adultos o subadultos.
En mayo de 2013 llegó la compensación a todos los esfuerzos. Los investigadores detectaron la presencia de lo que parecía ser una hembra preñada. Tuvieron que esperar tres mesas, hasta agosto, para observar la llegada de un lobo durante la madrugada. A finales de ese mes, las cámaras trampa obtuvieron la imagen de una hembra recién parida, con las mamas bien visibles. Y el 6 de septiembre, por fin, aparecieron los tres cachorros. A esta filmación se añadió otra correspondiente a un ejemplar adulto o subadulto, que completa esta manada formada en total por seis ejemplares.
La vigilancia se ha dirigido sobre todo a las zonas con mayor historial de presencia de los cánidos, desde Santa María de la Alameda hasta Somosierra. Porque desde el año 2007 existía la certeza de que el lobo aparecía de forma intermitente por la región. La información aportada por cazadores, ganaderos, senderistas y por el Cuerpo de Agentes Forestales así lo indicaba.
El proceso que se ha iniciado es “completamente natural y esperado, porque Madrid está rodeada de provincias donde habita la especie”, sostiene el biólogo Juan Carlos Blanco, especialista en lobo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN),y autor del primer y único censo nacional de la especie que se realizó en 1988. Aunque, a su juicio, la Comunidad de Madrid nunca será una potencia lobera, tanto por su reducido tamaño como por la cantidad de población que habita en ella. “Realmente el lobo solo puede vivir en aproximadamente un 30% del territorio madrileño. En esos rincones que todavía mantienen unas condiciones óptimas”, observa Blanco. Por este motivo, asegura que los ejemplares que puedan llegar no constituyen ningún problema. “Digamos que son lobos buenos, no molestan y pasan desapercibidos”, describe. Blanco mantiene que los cánidos seguirán su camino hacia el sur “pero no lo harán atravesando Madrid por las barreras que existen”.
El lobo desapareció de la región en los años 40 del siglo pasado, acosado por la caza. El declive se extendió por toda España a pasos agigantados. En 1970 sólo quedaban en todo el territorio nacional unos pocos cientos refugiados en las montañas del noroeste, en algunas zonas de Sierra Morena y a lo largo de la frontera portuguesa. En las últimas cuatro décadas, su población se ha ido recuperando. Blanco cuenta cómo se refugiaron en Zamora y en la Cordillera Cantábrica. De ahí saltaron a Valladolid y en 2000 atravesaron el río Duero.
“Siguen la misma tendencia que en otros países. Aunque en los últimos 10 años el crecimiento se ha ralentizado y la población se mantiene estable. Quizá han avanzado hacia el sur unos 30 kilómetros”, matiza el investigador. En la actualidad se estima que existen 250 manadas en España, lo que quizás represente unos 2.000 individuos, 1.000 de ellos maduros. El río Duero marca la frontera de seguridad del lobo: por debajo del cauce es especie protegida, por encima se permite su captura.
“Ahora esa línea que dibujaba el Duero se ha desplazado. La especie ha avanzado hacia el norte de Madrid y de Guadalajara, por toda la provincia de Segovia y por una pequeña parte de Ávila”, explica Blanco. El núcleo detectado la pasada primavera en Madrid —en cuyos límites han criado seis manadas en los últimos años— es fruto de la expansión desde Segovia. En esta provincia la población de lobo se estima en nueve grupos, lo que podría suponer unos 50 individuos.
El límite de Madrid con Guadalajara es especialmente proclive para que el lobo siga asentándose en la región y aumentando sus clanes familiares. La poca densidad de población, el medio montañoso y la abundancia de ungulados silvestres favorecen esta posibilidad.




lunes, 14 de abril de 2014

El oso vuelve para quedarse en GALIZA(divisan dos osos en el casco urbano de Pedrafita do Cebreiro)

El alcalde de Pedrafita do Cebreiro, José Luis Raposo Magdalena, informó de que dos ososfueron vistos ayer en pleno casco urbano de la capital municipal a primera hora de la noche, cerca del cuartel de la Guardia Civil de la localidad.
En declaraciones a EFE, el regidor local precisó que, según la información que le transmitieron los vecinos que pudieron ver a los animales, eran"dos osos de pequeño tamaño" que merodeaban por la calle Observatorio, una vía que sube hacia el cuartel de la Guardia Civil en ese municipio, en la Montaña lucense.
Ambos animales fueron avistados por varias personas en torno a las nueve de la noche.
El regidor local también confirmó que hace pocos días fue visto un lobo cerca del depósito municipal de agua, también en las inmediaciones de la capital municipal.















http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2013/11/21/divisan-osos-casco-urbano-pedrafita/918654.html

El oso vuelve para quedarse en GALIZA

Una de las especies más amenazadas de la fauna gallega, el oso pardo, vuelve a criar en Os Ancares y su presencia es cada vez más frecuente en O Courel.

























El oso pardo empieza a reproducirse en Os Ancares gallegos y cada vez es más frecuente su presencia en O Courel. Dos datos que avalan la recuperación en Galicia de una de las especies más amenazadas, considerada enpeligro de extinción.
En Galicia se tiene constancia de la presencia de una osa con dos crías en la montaña de A Fonsagrada, pero todo parece indicar que hay otras osas reproductoras en Os Ancares; sin olvidar la ya habitual llegada periódica de machos jóvenes que se dispersaban en primavera desde León y Asturias hacia el interior de Lugo en busca de alimento o pareja. "La zona principal de la presencia del oso pardo en Galicia se corresponde con las sierras orientales de Lugo, fundamentalmente los Ancares gallegos, pero cada vez es más asidua su presencia en la sierra de O Courel, que tiene un hábitat adecuado para albergar una población de esta especie", señala José Luis García Lorenzo, coordinador de proyectos de la Fundación Oso Pardo.
La existencia de osas reproductoras es fundamental para consolidar la presencia del oso en un territorio, "porque se suelen quedar en el sitio donde se reproducen", añade García Lorenzo. Desde el año 2012 no existe una Patrulla Oso en Galicia, por lo que es difícil cuantificar el número de osos que viven actualmente en territorio gallego, sin olvidar que la población de esta especie situada en los Ancares se mueve indistintamente por zonas de León y nuestra comunidad. La Fundación Oso Pardo estima que en la zona del Cantábrico se mueven en la actualidad unos 210 osos, la gran mayoría –180– de la subpoblación occidental, que se extiende por unos 2.800 km2, desde los Ancares lucenses y leoneses hasta llegar casi a la zona central de la cordillera entre León y Asturias.
Ancares tiene zonas muy buenas para acoger poblaciones de osos pardos, pero también O Courel cuenta con "unas condiciones aceptables", añade José Luis García, que considera necesario "hacer un esfuerzo para seguir mejorando el hábitat, de tal forma que los osos encuentren alimento y refugio".
Los datos de los censos de osas han permitido constatar la recuperación de la especie después de décadas de declive continuado. Los datos de 2012 suponen un nuevo record, con 33 osas acompañadas de 62 oseznos, de las cuales 29 y 56 crías corresponden a la zona occidental y cuatro con seis oseznos a la oriental. Esta recuperación es más marcada en la subpoblación occidental, donde se estima una tasa de crecimiento anual del 10,6%, confirmando el buen momento reproductivo y la tendencia demográfica positiva desde mediados de los años noventa.
El Plan de Recuperación del Oso Pardo impulsado por la Xunta de Galicia en 1992 extiende su ámbito por 64.820 hectáreas, que incluyen zonas de los concellos de Cervantes, Navia, Negueira, Pedrafita, O Courel, Quiroga, Triacastela y Samos. El objetivo del plan es conservar y consolidar la población de oso pardo en Galicia hasta constituir un núcleo reproductor viable y conseguir la recolonización de las áreas potenciales. Entre otras, establece medidas para evitar la mortandad no natural, garantizar la pureza genética, conservar su hábitat y favorecer la conectividad con las poblaciones oseras de León y Asturias.
En esta época del año es cuando empiezan los osos a desarrollar una mayor actividad, que se centra sobre todo en los meses de abril y mayo. Por el contrario, durante el otoño y el invierno es más difícil localizarlos.
Principales amenazas
Las principales amenazas para la conservación de la especie en Galicia son las que buscan su muerte directa (lazos, venenos o caza furtiva) así como la alteración del hábitat (incendios, construcción de infraestructuras, etcétera). "Con el paso de los años estamos viendo que está descendiendo el empleo de lazos, aunque siguen siendo todavía un peligro, sobre todo en las zonas más periféricas", explica el coordinador de proyectos de la Fundación Oso Pardo. Hace hincapié García Lorenzo en la importancia de las campañas de concienciación, aunque reconoce que también las sanciones han contribuido a la disminución sustancial de esta práctica utilizada por agricultores para proteger cultivos o por cazadores para la obtención de carne.
Entre los objetivos de la Fundación Oso Pardo se encuentran los trabajos de prevención de daños y riesgos, la lucha contra el furtivismo y la colaboración con apicultores y cazadores, sin olvidar las campañas de sensibilización y en la mejora del hábitat. Los avances en esos frentes facilitarán sin duda la recuperación de la especie en Galicia.
Respecto al Plan de Recuperación del Oso Pardo en Galicia, a mediados de julio finalizó el periodo de información pública del documento con el que se pretende sustituir al Plan existente, que data del año 1992. La Fundación Oso Pardo ha presentado alegaciones con 25 propuestas para mejorar el contenido del documento.
Los planes de recuperación son instrumentos previstos en la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, para aquellas especies incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de "en peligro de extinción", siendo obligación de las comunidades autónomas su redacción y aprobación. Estos planes son herramientas fundamentales para la especie –en este caso, el oso–, ya que en ellos se recogen los objetivos y las medidas de conservación vinculantes para las administraciones y la sociedad; los planes de recuperación son además el marco en el que tiene que desenvolverse el trabajo de las ONG conservacionistas.
"Desde el punto de vista normativo el oso pardo en la Cordillera Cantábrica es afortunado –explican desde la Fundación Oso Pardo– ya que las cuatro comunidades autónomas que cuentan con la especie en su territorio tienen aprobados sus planes, aunque todos ellos están necesitados de revisión". El más recientemente en su aprobación es el del Principado de Asturias, del año 2002, mientras que el de Cantabria es de 1989, el de Castilla y León data de 1990 y el de Galicia de 1992.
EL CICLO REPRODUCTIVO
1.- Celo. La actividad sexual comienza en los machos al poco de salir de la hibernación, alcanza su máximo en abril y a partir de julio se reduce. Las hembras presentan "ovulación inducida", poco común entre los mamíferos y que consiste en que la oculación es estimulada por la penetracion. El celo de la hembra consta de dos períodos de receptividad de unos 10 días.
2.- Cópula. El primer período de receptividad de las hembras no es fértil, aunque sí se producen cópulas durante el mismo. Después tiene lugar un descanso, tras el cual llega el segundo celo, en el que se registra ovulación y, por tanto, existe la posibilidad de un embarazo. Una misma hembra puede copular con varios machos, como estrategia para reducir el riesgo de infanticidio.
3.- Gestación.- La implantación del óvulo fecundado se produce tiempo después de las cópulas, en noviembre. Así, la gestación real se limita a un período de unos 60 días. La condición física de la madre es determinante para que el embrión se implante y se desarrolle. El análisis de la concentración de progesterona en las heces permite saber si una hembra está gestando.
4.- Partos. Las hembras pares a sus cachorros durante la hibernación, normalmente en el mes de enero. Dos tercios de los partos son gemelares, aunque hay camadas de solo un esbardu y otras de tres. Las crías nacen muy poco desarrolladas y muy desvalidas, sin pelo, con los ojos cerrados y con un peso de solo 300 o 400 gramos, lo que las hace muy vulnerables.
5.- Crianza. Hacia abril o mayo los esbardos salen de la osera, cumplidos cuatro meses y con un peso que multiplica por diez el de su nacimiento. Los oseznos dependen durante un año y medio de sus madres, que los crían en solitario. La salida de la osera es un momento delicado porque coincide con el celo y los machos y los machos pueden matarlos para que la madre acepte aparearse.
http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2014/03/27/oso-vuelve-quedarse/994239.html

viernes, 11 de abril de 2014

Distribución del lobo en la peninsula



El hombre que vivió 12 años entre lobos-el adolescente que fue animal

Gerardo Olivares estrena el documental ‘Marcos, el lobo solitario’

El filme describe el día a día del hombre que inspiró su película ‘Entrelobos’


A Gerardo Olivares (Córdoba, 1964) le va el picoteo curioso. Se le cruza alguna historia y allá que se va detrás. Un día leyó una historia sobre un niño salvaje, esos críos que crecen en la naturaleza alejados de los humanos, y entonces descubrió que había 137 casos documentados y que uno de ellos era español: Marcos Rodríguez Pantoja.
Empezó a seguir su rastro. Durante un año entrevistó a la gente que le podía haber conocido en los pueblos que rodean el valle del Silencio, en Sierra de Ronda; al antropólogo Gabriel Janer, que conoció a Marcos en los años setenta en Palma de Mallorca y que basó su tesis doctoral en su caso, y buscó y buscó... Así supo que aquel crío su padre se lo vendió a un cabrero a los siete años, que el viejo murió —no se sabe cuándo— y que el chaval vivió en la sierra hasta los 19 años, alimentándose con lo que cazaba, refugiándose en una cueva y conviviendo con lobos. Janer creyó su historia por el lenguaje que utilizaba. “Al igual que el antropólogo”, cuenta Olivares, “pienso que Marcos creó su propio mundo, una familia imaginada, para poder sobrevivir emocionalmente, y que tuvo trato con lobos. ¿Formar además parte de una manada? En realidad, todo podía ser”. Como Rodríguez Pantoja, en la posguerra muchos niños fueron vendidos o cedidos a pastores como ayudantes —así las familias pobres se quitaban una boca que alimentar— y vivieron en el monte. “En su caso esto llega al extremo, porque él rehúye el contacto con los humanos, se esconde cuando se acercan”. Hasta que alguien se lo cruza y la Guardia Civil lo localiza o lo devuelve a la civilización.
Y allí debía de seguir, pero el director, al cabo de ese año, no lograba encontrarle. Olivares, primer cineasta español —con 14 kilómetros— en ganar la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid, no se dio por vencido. Y llamó a un amigo detective. “Es que yo tengo amigos hasta en el infierno”, confiesa entre risas el director. “Y en 24 horas le encontró en un pueblo de Ourense [donde vivía al cuidado de un expolicía que le conoció cuando vagabundeaba en Fuengirola]. Cuando fui a conocer a Marcos, me llevé una cámara de vídeo doméstica por si acaso. Me encontré a un tipo ágil de 65 años”. Olivares grabó y grabó material para obtener la base de su película Entrelobos (2010), pero pronto se dio cuenta de que podía ir más allá. “Hablé con mi productor, José María Morales, y decidimos que también montaríamos un documental”. El resultado, Marcos, el lobo solitario, se puede ver desde hoy a las 20.30 en la Cineteca, en el Matadero.
En el filme, aparece Marcos Rodríguez en su esplendor, “mitad niño mitad tipo listo”, define Olivares, un hombre que siente que le han engañado muchas veces en la vida y en cuya historia casi nadie cree. Explica su relación con los lobos, cómo cazaban juntos, o al menos cómo interactuaban. “Una cosa es la que sucedió, otra la que él pensaba que sucedía”, dice un Janer que, aun así, apostilla que sí tuvo trato con ellos. Rodríguez Pantoja acaba visitando el rodaje de Entrelobos, y los naturalistas encargados de los canis lupus amaestrados confirman que sí, que tal y como se comporta ante ellos, Marcos ha estado anteriormente con lobos.
La vida no ha sido fácil para él, y sigue sin serlo. Pero cuando fue al estreno de la película, en noviembre de 2010, se emocionó. Gerardo Olivares lo recuerda: “Lloró como un niño pequeño. Y me dijo: ‘Me has devuelto la dignidad. Ahora la gente me creerá”.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/01/10/madrid/1357773901_317674.html

jueves, 10 de abril de 2014

El hombre que vivió 12 años entre lobos


Ese día, la carretera por delante, Marcos pensó que sólo vería nubarrones en su vida. Miró a lo alto. Se carcajeó, como se carcajea siempre, con los ojos enterrados, con la cara traviesa:
-Adiós, sol, que ya no te veré más.
A Manuel le hizo gracia la ocurrencia. Los dos enfilaban la carretera a San Ciprián de Viñas, un concejo verde encerrado en Ourense, para vivir en una casona. Para vivir juntos. Por vivir así. Manuel conocía a Marcos (el charlatán, el que dormía en un edificio en obras en Fuengirola, Málaga) desde hacía cinco años y se reía con sus historietas. Manuel viajaba al sur para visitar a uno de sus hijos, dueño de un restaurante. De eso conocía a Marcos. Le cogió cariño. Por pena, se lo comentó:
Me he quedado viudo. Mis hijos van por su lado. ¿Quieres venirte a Galicia conmigo?
Marcos aceptó. Después de muchos años tendría un techo. Aunque fuera en el norte, donde le habían jurado que el cielo siempre estaba negro. El día en que llegó a Ourense no pudo ser más luminoso. Y sintió que debía despedirse del sol para siempre.
Esto fue hace 10 años. Marcos, sólo entonces, empezó a vivir. Porque lo de antes no se sabe qué es. Marcos Rodríguez Pantoja, el menor de tres hermanos, nació en Añora (Córdoba) en junio de 1946. Su madre, Araceli, murió. Su padre, Melchor, se juntó con una mujer, se fueron a vivir al campo y entregó a unos parientes a sus dos hijos mayores. Marcos se quedó con su padre, su madrastra y las palizas de mil demonios que ésta le propinaba. Vivían en una choza levantada con palos y matojos. Palos y sacos de paja. Eran piconeros: hacían carbón. Como apenas tenían un mendrugo de pan, pasó lo que pasó:
-Llegó un señor, el dueño de una finca, y estuvo hablando con mi padre. Le dijo: "Tanto dinero le doy por llevarme a este chico". Entonces me cogió, me llevó a su casa y me hartó de comer. Y cuando anocheció me llevaron a Sierra Morena, donde se escondía un viejecito con barbas. Tenía cabras que guardaba el viejo aquel. Había lobos aullando, zorros, cabras, ciervos… Antes de llevarme allí me pusieron un plato de chorizo, tocino, morcilla, tasajo de ciervo, carne seca… Todos me miraban.
Marcos rememora a salto de mata la historia en que su padre lo vendió como el que vende un cerdo. El director de cine Gerardo Olivares ha escuchado muchas veces ese relato entrecortado. El trasunto real de Mowgli. Llegó a él por puro azar, a través de la tesis que el antropólogo Gabriel Janer escribió a mediados de los setenta. Gerardo se decidió a rodar una película basada en la vida de Marcos. El filme se titularáEntrelobos y se estrenará en octubre de 2010. El plató es la misma Sierra Morena donde Marcos anduvo sin pizca de contacto humano, más o menos, desde los 7 hasta los 19 años. Desde 1953 hasta 1965.
-Marcos, a repetirlo. Pero habla como tú hablas, con acento andaluz.
Gerardo y las órdenes. Marcos está presente en este escenario de bosques y sombras. Se interpreta a sí mismo en las escenas finales. De más joven, es Juanjo Ballesta (El Bola) quien se mete en su piel. Marcos no focaliza su atención en un discurso ordenado. Habla tal como le nace. No atiende.
Nunca nadie le obligó a hacerlo. Con el viejo huraño aquel convivió poco. Una noche le dijo que lo esperara en la cueva donde dormían. "Y no lo volví a ver más. Ya me quedé solo y no lo he vuelto a ver más". Solo. En el monte. Y Marcos, un chiquillo dejado de la mano de Dios, se tuvo que inventar una familia. Con el tiempo, se hizo a todo. Ese todo: los lobos, los zorros, las culebras, las águilas, las ratas. La ropa se le fue rompiendo. Se hizo una zamarra con la piel de los venados. Sólo se cortaba el flequillo; para estar ojo avizor en la vida animal, donde imperaban los colmillos.
-Yo estaba preparado con el cuchillo. La carne que yo no quería se la llevaba a los lobillos. Los padres no me dejaban, pero como veían que yo les llevaba de comer, cogieron confianza. Yo olía como ellos. Cuando yo quería que vinieran, cuando me veía que no tenía salida, empezaba a aullar. Venían varios lobos y, como se daban cuenta de que estaba perdido, se tiraban a mí dando saltos y me cogían los brazos con la boca hasta que yo reía. Empezaban a jugar. Luego me señalaban el camino hasta la cueva de ellos y, desde allí, yo ya sabía irme. Me divertía yo solo con los animales. 
Y se entendía con ellos. Con sus mismos sonidos. En cuanto uno menos se lo espera, Marcos, hoy, coge una hoja del suelo y se la pone en la boca. Pij, pij, pij… El ruido que hace el águila. Y también imita el de la perdiz macho. Y el de la perdiz hembra. Marcos era uno más en la naturaleza. "Dormía con la zorra. La zorra era la primera que se metía debajo de mis piernas cuando había tormenta o llovía". También vivió un tiempo con una camada de ratones, a los que daba leche de cabra. Y siempre planeaba por allí algún águila, a la que le troceaba los conejos o perdices que atrapaba. "Ponía la presa en un plato de aquellos de corcho y más contentos… Acariciaba a las águilas, las besaba, y se iban más contentas…". Janer, el antropólogo, analiza estos pasajes: "Marcos no inventa, pero cubre con la imaginación su necesidad de saberse querido por alguien".
Y aun así, aun con sus necesidades a cuestas, se sentía superior.
-Me podía valer de mis manos y de los pensamientos que me venían a la cabeza al tuntún.  Como de pequeño, con la gente, no me había encontrado nada bueno, yo no quería volver.
Marcos se pone serio y al instante ríe. Charla con una habilidad extraña para convertir en carcajada lo que fue desgracia. Algo en su manera de moverse, en sus balbuceos, avisa de que aquellos años le cambiaron para siempre. A veces se queda sin palabras. A veces sólo oye un magma de ruidos. Y calla. Se le escapa el pensamiento abstracto. Si tiene confianza con su interlocutor, le dirá que no sabe qué está escuchando. Que escucha por escuchar.
Cómo estaría cuando la Guardia Civil lo encontró, por el aviso de un guarda, en 1965. Esto pasó: "Buenas tardes", le saludaron los agentes. Marcos se levantó y fue a echar mano del cuchillo. "No te vamos a hacer nada". Le montaron en un caballo y lo llevaron a Fuencaliente, pueblo de Ciudad Real. A una barbería. Cuando el hombre cogió la navaja, Marcos creyó que le iban a decapitar. Gritó y se echó encima del barbero. Se calmó cuando vio que a un chico sólo le estaba cortando el pelo. "¿Cómo estoy aquí y allí?", se preguntaba. El espejo le imitaba. En el río no se veía tan claro.
Un cura joven, Juan Luis Gálvez, que estudiaba en Madrid, le enseñó a pronunciar. Al principio dormía debajo de la cama. Quizá porque le recordaba más a su cueva. La religión se lo pasó de mano en mano. Marcos se tuvo que ir con unas monjas al Hospital de Convalecientes de la Fundación Vallejo, en Madrid. Las hermanas no querían que saliera en los periódicos. "Ay, qué deshonra", clamaban. Entre imágenes de santos, empezó a socializarse: cantaba la copla Una paloma blanca, de Antonio Molina, y ellas le gritaban olé como a un torero de los grandes.
Las monjas le enseñaron a caminar derecho. Hizo la comunión. "¿Y esto para qué es?", preguntó. "Para estar bien con Dios. Las cosas feas son pecado", le contestaron. No entendía nada. "Me explicaron que si uno se acostaba con una mujer salía un chiquillo. Yo no me lo creía. Fueron metiéndome en vereda. Como un mulo que no está domado".
Tenía que llegar. Y llegó el día. Marcos tuvo que salir a la sociedad. A partir de entonces, su vida transcurrió en Palma de Mallorca, donde trabajó en bares y hoteles y donde le timaban. Le han timado toda su vida. Él no se daba cuenta. No se cansa de repetir que la vida entre los hombres es más dura. Nadie creía su historia. "Yo he tenido que levantarme solo. Yo me fijaba en lo que hacía uno y lo que hacía otro". Acabará diciendo que no sabe si al rescatarlo de la sierra, le hicieron un bien o un mal.
-No pensaba en el mañana. Yo no tenía ni chispa de idea. Yo no sabía más que venía el día, que salía el sol y que llegaba el oscuro.
Y que volvía el sol. Ya está. Marcos descubrió, a los 20 años, a las mujeres. La nota de Janer: "Es muy curioso: su instinto sexual se despertó en el seno de la sociedad". Tuvo alguna novia. En Palma y en Málaga. En los ochenta acabaría malviviendo en otra cueva. En Alhaurín el Grande (Málaga). Le conocían en el pueblo y el alcalde le consiguió una pensión no contributiva. En Fuengirola conoció a Manuel, sus pies y sus manos, con el que vive en Galicia. "Me tocó la lotería. Hago lo que me da la gana siempre que tenga las cosas a raya".
Hoy anda a su aire. Esto es el rodaje. Habla Gerardo: "Ahí es donde vas a aullar". El sitio es una roca desde donde uno se siente dueño del mundo. Han traído un par de lobos. Son lobos amaestrados. Tienen que hacerse con Marcos para que en la toma salga todo bien. Tensión fuera: enseguida empiezan a lamerle. Marcos los acaricia. Se revuelca por el suelo. Los besa.
-Ay, ay, ay.
La toma 191 BX 2 sale. En el bar, a Marcos no se le va de la cabeza el cariño que le han mostrado los dos animales: "Eso no lo hacen las personas. Yo era el hermano mayor de los lobos". El camarero le sirve carne de Sierra Morena. Marcos coge el cuchillo. Ese trozo de monte, en el plato. A punto de ser devorado. 

Cantabria vigilará al lobo



El Gobierno de Cantabria ha tomado la decisión de aprobar una norma que prohibe matar lobos en todos los montes de la región, incluido el único ejemplar que hasta ahora se autorizaba a cazar en las batidas de jabalí –uno por cacería–. Solo se podrá disparar al lobo cuando la Dirección Técnica lo considere oportuno. Este es el aspecto más reseñable de los que se incluyen en el Plan de Gestión del Lobo en Cantabria, que está redactando ahora mismo la Consejería de Ganadería, Agricultura y Pesca, según ha confirmado a este periódico su titular, Blanca Martínez.
Hasta el momento, el lobo se podía cazar en todas las batidas de jabalí con un cupo de un lobo por batida, salvo en los cuatro lotes incluidos en el Parque Nacional de los Picos de Europa (montes de Arabedes, Panda Carrielda, Peñas Salvorón y Canales). Esta posibilidad queda anulada desde ahora en el Plan de Gestión para la especie en Cantabria «cuyo objetivo es asegurar la compatibilidad de la conservación del lobo, su aprovechamiento cinegético ordenado y la reducción en lo posible de su impacto en la ganadería», explicó la consejera Martínez..
Como medida de transición se ha considerado oportuno realizar una gestión más específica del lobo, no dejándolo como hasta ahora como un aprovechamiento secundario en las batidas de jabalí, sino ajustándolo en función de la información disponible sobre la especie, el resultado de las actuaciones de control poblacional y la incidencia de daños.
En consecuencia, solo se podrá tirar al lobo en las batidas de jabalí que la Dirección Técnica autorice expresamente, y con el cupo que en cada momento se establezca, «y todo ello sin renunciar a los controles poblacionales que fueran precisos», matizó el Gobierno. En la temporada 2013-2014 –entre septiembre y febrero– en las batidas de jabalíes se mataron 15 lobos.
Esta medida –que será bien recibida por los conservacionistas– se adopta a pesar de que desde la Consejería se reconoce que la población de los lobos tiene «excelente salud» en Cantabria y que ha colonizado zonas en las que nunca había tenido presencia, como en el bajo Besaya. Así y todo, Blanca Martínez precisa que «la Administración debe garantizar el equilibrio y los intereses de nuestros ganaderos».
La matanza de diciembre
Sobre las protestas de los grupos conservacionistas, alentadas desde que estalló el escándalo de la matanza de nueve lobos abatidos durante la celebración de dos cacerías de jabalíes, pertenecientes al municipio de Camaleño, ocurridas en diciembre de 2013, la consejera hizo varias precisiones. Por una parte, confirmó que la Fiscalía sigue investigando los hechos ocurridos y denunciados cuando tres lobos fueron aniquilados durante una montería celebrada el día 27 de octubre de 2013 en las cercanías de Cosgaya y los otros seis en la que hubo el 1 de diciembre en el monte Robla Subiedes, frente a Los Llanos. Desde el Gobierno se habla del «ruido» generado por las organizaciones conservacionistas, «que no asistieron al Consejo Regional de Caza en el que se debatió la normativa para la próxima campaña», apostilló.
En su opinión, «lo sucedido es algo excepcional, por lo que quiero romper una lanza a favor de los cazadores, que en la práctica totalidad ejercen su afición con responsabilidad. Siempre es injusto juzgar al todo por la parte. En todos los colectivos hay personas que desmerecen el trabajo del resto y dañan su imagen, pero no debemos caer en el error de satanizar al colectivo».
Ajustarse a la sentencia
En el mismo ámbito cinegético, adelantó que su departamento tiene previsto convocar de forma inminente una reunión, extraordinaria y monográfica, de la Junta Consultiva sobre la regulación de la Reserva Regional de Caza Saja. Se trata de dar forma a los cupos de caza tras la sentencia del Tribunal Supremo anulando la posibilidad de que cinco cazadores locales de otras comarcas integren una cuadrilla local o la asignación del 78% de las cacerías de jabalí de cada comarca cinegética de la Reserva para los locales y el 22% para las cuadrillas regionales.
En consecuencia, han quedado anuladas definitivamente las órdenes de exclusión de las cuadrillas nacionales en jabalí y caza menor (liebre); el porcentaje de reparto de las cacerías de jabalí; el porcentaje de reparto de las cacerías de menor (salvo sorda) y el procedimiento de reparto de las cacerías de jabalí.
Lo que trata de hacer ahora la Consejería es que «todo cambio vaya precedido del consenso, del acuerdo y la cesión entre los que piensan de una manera y los que opinan lo contrario. Esa es la única premisa para diseñar un futuro distinto y que haga prevalecer el interés general, que es también el de las especies, sobre los intereses particulares», concluyó.
http://www.eldiariomontanes.es/20140403/local/cantabria-general/cantabria-prohibira-cazar-lobos-201404030803.html

"CABALLO LOCO" Tasunka Witko jefe de los SIOUX OGLALA(1840-1877)

Sobre Tasunka Witko "Caballo loco" comentaba Alce Negro: ‎"...Todo el mundo le amaba. Sus ojos atravesaban las cosas. Cuando el pueblo se dolía de hambre, dejaba de comer. Era un gran hombre. No pudieron matarle en el campo de batalla. No tenía más que unos treinta años cuando murió".
Reconocido por su propio pueblo como un dirigente visionario comprometido con la preservación de las tradiciones y los valores sioux, indujo a su pueblo a una guerra contra los blancos para recuperar sus tierras. Su nombre, Caballo Loco, le fue dado por soñar con un caballo salvaje.
Dejó atrás el campamento, en silencio. En pocos minutos, su sombra se perdió en la penumbra del bosque. Nadie lo vio caminar hacia las montañas. Humillado por sus jefes, despreciado por sus pares, Caballo Loco se marchó en busca de una visión. Otra vez, esperaba de Manitú las respuestas que ya no podía encontrar entre los suyos, entre quienes lo ignoraban o miraban de reojo, con recelo y desconfianza. En el refugio de los oglala en la llanura, los jóvenes ultimaban detalles para la inminente cacería de búfalos, antes de la llegada del invierno. Antes del arribo de los cara pálidas, que iban arrinconando a los sioux (ese pueblo nómade y de naturaleza guerrera, pero dividido y diseminado por las grandes praderas, que seguía la ruta de los búfalos de norte a sur) contra los márgenes del mapa americano todos los meses. Ahora, el descubrimiento de oro había desatado la fiebre entre los colonos: el ferrocarril extendía sus brazos metálicos por encima de los territorios indios, el ejército escoltaba el avance de los conquistadores y el gobierno extorsionaba a los rebeldes sioux para que firmaran, de una vez por todas, el convenio que determinara su traslado a las reservas asignadas a cambio de abandonar aquella tierra fértil para la ambición del hombre blanco.
En el murmullo nocturno de la montaña, Caballo Loco entra en trance. Él lo sabe: el mundo en el que viven los hombres no es otra cosa que una sombra del mundo real. Para entrar al mundo verdadero, hay que soñar. Y Caballo Loco sueña, y en mitad de ese viaje el Gran Espíritu Manitú se presenta con sus profecías. Pero el hechizo se rompe en algún momento, y hay que regresar a la sombra de la vida real, a ese mundo de ensueño que ya no sabe dónde comienza, pero en el que es despreciado y castigado por haber cometido un error. Había nacido en 1845, cerca de las Colinas Negras de Dakota del Sur, y antes de cumplir 12 años ya había matado a un búfalo y se había destacado por su habilidad para montar potros salvajes. Fue entonces cuando soñó por primera vez. En su visión, un caballo flotaba, suspendido en el aire; de allí el apodo que lo acompañaría toda su breve vida. Fue entonces cuando Manitú le susurró un destino de gloria y ocaso, pero también le ordenó ser siempre el primero en la batalla, nunca usar los tocados de jefe ni pintarse para el combate, y, sobre todo, jamás tomar la cabellera del hombre blanco como trofeo. Como contrapartida, nunca sería alcanzado por el sable o la bala de sus enemigos. Pero si la vida era sueño para Caballo Loco, ese sueño duraba poco. El mundo de sombras ignoraba su designio de liderazgo y no le fue sencillo destacarse entre los de su tribu. Por el contrario, durante años erró solitario, silencioso, taciturno, hasta que cometió ese error que lo marcó para siempre. Caballo Loco se enamoró de la mujer de otro, y pagó el alto costo de romper las reglas de los lakotas con un balazo en la cabeza que no lo mató de milagro, pero que le dejó para siempre la cicatriz de la vergüenza. En 1868 algo cambió. Lejos de su campamento, en Fort Laramie, el hombre blanco intimó a un puñado de jefes lakotass a firmar un tratado que les imponía el inmediato traslado a las reservas como única opción, a cambio de un derecho de caza sobre un territorio restringido. Desatender el acuerdo era someterse a la furia de los wasicus (“perros ladrones” en lengua sioux) y de su ejército. Nube roja, el jefe de los oglala, pactó y se ganó el desprecio de Caballo Loco y de otros indios hostiles que se habían jurado jamás tratar con el demonio blanco. ¿Es que acaso Nube Roja no había observado nunca el fuego de la guerra sobre un poblado de pieles rojas? ¿No había presenciado nunca Nube Roja la escena trágica de las mujeres y los niños de la tribu atravesados por los disparos de los cara pálidas? ¿Ignoraba acaso que los durmientes de sus ferrocarriles se apoyaban ahora sobre la tierra donde descansaban sus ancestros? No, Caballo Loco jamás negociaría con el demonio blanco. Así lo hizo saber y así recuperó, de a poco, el respeto de los más jóvenes de los oglala, que lo eligieron como líder de la resistencia y lo siguieron en la batalla, que siempre encabezaba detrás del temido grito de guerra: “¡Hooka hey!” (“Hoy es un buen día para morir”, en sioux). Como entre los lakotas un jefe sólo mantenía su cargo si era seguido por su pueblo, Nube Roja pasó a la historia y su lugar fue tomado por el silencioso y audaz Caballo Loco, que además aportaba en el combate algunas tácticas militares nunca antes utilizadas por los sioux. Para someter a este y otros pueblos situados fuera de los límites, el Gobierno emprendió una amplia campaña militar en 1876, en la que se produjeron las victorias indígenas de Rosebud River y Little Big Horn (1876), en la que moriría el famoso general Custer. La presión del ejército estadounidense obligó a Caballo Loco a rendirse, siendo confinado en Fort RobinsonA las pocas semanas,el 5 de septiembre de 1877, fue asesinado mientras era conducido al calabozo,un soldado le clavó su bayoneta. La acción fue rápida y enmudeció a los presentes. Al enterarse su pueblo que también estaban confinados lloraron toda esa noche y las dos siguientes. Sus padres lo llevaron y enterraron en secreto.
CABALLO LOCO fué el líder de la resistencia del pueblo sioux, Caballo Loco recibía las visiones de Manitú a través de los sueños y pasaba a la acción al mando de su pueblo. (La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 97 - abril 2011)

¿Podemos cambiar el cuento del lobo?


En los últimos años han surgido nuevas versiones del cuento de Caperucita en las que el lobo no es el malo, sino la víctima. Sin embargo, la versión clásica, la de la fiera hambrienta y feroz, sigue pesando enormemente en nuestro imaginario y todavía no se ha encontrado la fórmula que nos permita coexistir pacíficamente con esta especie. En España, la gestión del lobo depende de las comunidades autónomas y las políticas son muy dispares. Las tensiones con los ganaderos por los daños en ovejas y vacas están a flor de piel en zonas más problemáticas como Asturias, Cantabria o Castilla y León. Las quejas de ganaderos y cazadores hacen pensar que cada vez hay más lobos; Castilla y León lo ha afirmado recientemente en un documento oficial, pero biólogos o naturalistas no están de acuerdo. En los debates siempre surge la misma pregunta: ¿qué hacemos para convivir con ellos sin ponerlos en peligro, pero también sin que ocasionen daños? La Directiva de Hábitats de la Unión Europea establece una frontera, la del río Duero, para proteger al lobo en España. Al sur se le considera especie de “interés comunitario”, y si hay que matar algún ejemplar debe ser la comunidad autónoma quien lo asuma. La gestión al norte del Duero es muy variable. En Castilla y León, Cantabria o Galicia, por ejemplo, se le considera especie cinegética. En Asturias, no.
Castilla y León agrupa el 60% del total de lobos, según coinciden varios especialistas. En su último plan de conservación y gestión del lobo, pendiente de aprobación, esta autonomía asegura que la población de lobos está creciendo al sur del Duero, justo en la zona en la que están protegidos. No se dan cifras, pero cita un nuevo censo regional elaborado durante 2012 y 2013 y que se hará público en breve. Sus conclusiones provisionales defienden que su área de distribución ha aumentado un 34% al sur del Duero entre 2007 y 2012, una precisión que escama al ecólogo Antonio Uzal, uno de los autores, con Andrés Ordiz, del primer censo de las poblaciones de lobos a nivel multirregional realizado en España. Su conteo, basado en un trabajo de campo realizado entre 1999 y 2003, se sigue utilizando como referencia sobre la estimación de población de lobos. “Las cosas no han cambiado mucho en los últimos 10 años”, contesta por correo electrónico desde Reino Unido, donde sigue trabajando en conservación de vida salvaje en la Universidad de Nottingham Trent. Entre los problemas que detectaron entonces destaca la alta presión cinegética, la mortalidad por la caza furtiva y la falta de conexión entre otras poblaciones. Castilla y León sirve de conexión de zonas aisladas, por lo que para biólogos y ecologistas resulta clave. Según datos regionales de 2001, hay contabilizadas 149 manadas, unos 1.500 ejemplares. El estudio de Uzal y Ordiz contaba entre 250 y 320 (250 confirmados y otros 70 con indicios) los grupos familiares en toda España.
En la anterior versión, de 2008, se establecía un cupo también del 18% para el norte del río Duero, pero en algunas zonas del sur, como en Ávila y Segovia, subía a un 28%. Fue recurrido a los tribunales por Ecologistas en Acción porque permitía la caza del lobo en una zona protegida por normativa comunitaria. Ahora será la propia Administración la que lo controle, sin que en la última versión conste la fórmula.El plan de Castilla y León, que salió esta Navidad a información pública, establece que será personal autonómico quien controle la especie al sur del Duero, en la franja protegida, y fija un sistema de cupos al norte, donde se considera especie cinegética. Según sus planes, el porcentaje de muertes en la parte norte puede llegar al 18% sobre los lobos estimados, en función de parámetros como que se trate de zonas con grandes daños a la ganadería.
Los biólogos reivindican la necesidad de hacer un censo nacional que permita adoptar políticas realistas y que evite llegar a una situación irreversible.Los expertos consultados, principalmente biólogos, advierten de que las cifras de lobos que se manejan en cada comunidad pueden estar sobredimensionadas. Realizar un censo sólido requiere esfuerzos proporcionales y mantenidos en el tiempo ya que esta especie se mueve mucho. “Su territorio alcanza los 100 kilómetros cuadrados. En un paseo nocturno pueden recorrer unos 50 kilómetros”, explica Eduardo Palomo, secretario de la asociación Lobo Marley, creada para defender a esta especie.
“Los estudios genéticos actuales sobre la población de lobos en España y Portugal sugieren que estos animales han estado mucho más cerca de la extinción en tiempos relativamente recientes de lo que inicialmente se consideraba”, aporta Jorge Echegaray, consultor ambiental que trabaja con lobos y coordinador del primer seguimiento no invasivo efectuado en España.
En la actualidad, el lobo ocupa apenas el 25% de su área de distribución original en España. No hay análisis sobre su distribución potencial, pero por sus requerimientos —se mueven en hábitats extensos, necesitan presas silvestres— podrían ocupar una distribución mucho mayor a la actual, aporta. “Solo hay que ver los intentos de colonización en el País Vasco y La Rioja, o la anécdota de su aparición en Madrid”, detalla el especialista.
“Aquí la ciencia no vale para nada”, se queja Palomo, de la asociación Lobo Marley. “Si se mata al macho alfa, el más apreciado en cinegética, se acaba con el maestro de la manada, entonces los que quedan no saben, por ejemplo, como entrar a matar un jabalí y se van a la oveja, que se queda quieta”. Entonces se vuelven a encender los ánimos de los ganaderos.“La Administración debería conocer el tamaño de la población y solo se habla de grupos, a los que se asigna un número bastante elevado de miembros”, añade el biólogo Alberto Fernández Gil, miembro de la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL). Fernández es autor de una tesis doctoral, defendida el pasado junio, que concluye que los daños al ganado aumentan cuando se mata a miembros de la manada. El estudio, realizado con datos de Asturias, encuentra relaciones directas y positivas entre el número de muertes y daños en la cabaña ganadera al año siguiente de producirse. Los motivos no están claros, pero se especula con los efectos que se ocasionan en los grupos.
“No hay evidencias de que los controles de población tal y como se están haciendo en España sirvan para rebajar los daños”, defiende el autor de la tesis. “Se utilizan para aliviar los conflictos, se está matando a lo tonto”, opina.
Echegaray, que ha trabajado como investigador del CSIC, incide en que “cualquier actuación de control de ejemplares debería estar supeditada a sesudos análisis de impacto y justificación”. “Es algo a lo que obliga la legislación europea, que dice que el lobo es especie de Interés Comunitario en todo el territorio de los 28 países. España ni siquiera ha definido cuál es ese estado de conservación favorable”, lamenta.
“A la gestión del lobo habría que darle más objetividad y quitarle tanta pasión”, pide Roque Ortega, delegado de Ecologistas en Acción en Soria. Los cambios en Castilla y León, por ejemplo, tratan de adaptar su plan de conservación del lobo, de 2008, a los vaivenes judiciales que ha sufrido tras ser aprobado. Ecologistas en Acción denunció que se pretendía cazar al sur del Duero, donde la normativa europea lo protege, y la COAG recurrió el sistema de compensación de daños a la ganadería.Theo Oberhuber, coordinador de Ecologistas en Acción, recuerda con un punto de amargura el intento en 2012 del ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, para que la Comisión Europea considerara al lobo especie cinegética también al sur del Duero. “Nosotros siempre hemos reivindicado que sea especie protegida”, añade el ecologista.
Uno de los episodios representativos de los odios y pasiones que rodean a esta especie es la reciente muerte de nueve lobos en las afueras del Parque Nacional de Picos de Europa, denunciada el pasado diciembre por la asociación leonesa Gedemol. “Esto no ha sido cazar, ha sido un exterminio”, califica Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo. Los lobos pertenecían a una manada del puerto de San Glorio y se movían dentro del Parque Nacional. “El conjunto no se consideraba conflictivo”, afirma Palomero. En Cantabria no hay un plan de gestión del lobo y se permite cazar un ejemplar por cacería. Cinco asociaciones conservacionistas han reclamado a la comunidad que se aclare esta situación ya que este grupo jugaba un papel “impagable” en el control de ungulados salvajes, especialmente el ciervo, y ayudaban a conservar la biodiversidad del Parque Nacional.
La memoria explicativa del nuevo plan incluye todos los cupos de caza establecidos entre 2008 y 2012, que han subido de los 100 ejemplares a los 138 por año. Sin embargo, nunca se han alcanzado. En 2012, por ejemplo, estaban autorizadas 138 muertes de las que finalmente solo se produjeron 74.Los tribunales dieron la razón a los dos colectivos y ambos estudian ahora el nuevo documento para preparar alegaciones. Luis Oviedo, abogado de la organización ecologista que recurrió el anterior plan de conservación, advierte una tendencia a aumentar los cupos justo en el límite con el sur del Duero, que es donde no se considera especie cinegética. “Más que un plan de conservación del lobo es un plan de cómo cazar al lobo”, subraya.
Las razones de por qué no se han matado todos los lobos permitidos varían en función de a quien se le pregunte. Para las asociaciones conservacionistas es simple: no se matan porque no hay tantos como se dice. Los cazadores se quejan de que la Administración se lo pone muy difícil. “Nos sentimos como un ciudadano en libertad condicional, para salir a cazar hay que avisar a la Guardia Civil, a los agentes forestales... En la provincia de Segovia, por ejemplo, no se quiere ni oír hablar de que se le declare especie cinegética porque nos lo ponen todo realmente complicado”, cuenta Santiago Iturmendi, presidente de la Federación de Cazadores de Castilla y León. Defienden la necesidad de aprovechar el lobo cinegéticamente para evitar daños en vacas y ovejas y evitar desequilibrios en el ecosistema y opinan que los cupos son “bajísimos”, hasta tres veces por debajo de otras especies de caza mayor.
La superpoblación de la que hablan los ganaderos resulta paradójica para los estudiosos de la especie. Andrés Ordiz, con más de 20 años de experiencia estudiando la conservación y la ecología del lobo, participó en el censo de lobos de Castilla y León de 2001 y recuerda que los grandes carnívoros, por definición, han de ser pocos, ya que no puede haber más predadores que presas. “Ningún plan de gestión contempla el papel que tienen en el ecosistema, esa función de controlar especies como jabalíes o ciervos. Matar lobos también tiene consecuencias”, recuerda este investigador que ahora trabaja para diferentes universidades de Escandinavia.Los ganaderos de Castilla y León ven en el nuevo plan de gestión un reconocimiento a la colonización del lobo en todo el territorio y el asentamiento en zonas donde no estaba hace 100 años. “Costó mucho que la Junta lo reconociera”, comenta Aurelio Pérez, portavoz de COAG. Luchan para que se determinen de una vez los daños que les ocasiona el lobo. “Detrás hay muchas pérdidas, y no solo por ejemplares muertos, sino también dañados”, explica para después añadir el estrés que se le genera a los rebaños, y que hace que afloren enfermedades, que baje la producción de leche o que haya más abortos. “La coexistencia no es posible. Hay que determinar las zonas en las que puede o no puede vivir el lobo y dejar claro cómo se hace el control de la especie”, pide. Entre 2005 y 2012 la Junta ha contabilizado 1,7 millones en pagos por daños del lobo a la ganadería extensiva. Los biólogos inciden en que no se diferencia el daño que hacen los perros salvajes, por lo que el lobo termina cargando con culpas que no le corresponden.
Los ganaderos se enfrentan a las dudas sobre el peso real de esos daños —en Asturias, por ejemplo, se está investigando si se han cometido fraudes en el cobro de las ayudas— y también al hecho de que la gran mayoría recibe subvenciones de la Política Agraria Común, que llevan asociados compromisos como las prácticas sostenibles y respetuosas con la biodiversidad.
En la calle de en medio está el turismo lobero, una actividad que genera casi medio millón de euros anuales al año en la sierra zamorana de La Culebra, considerada epicentro de esta actividad en España, aunque también hay puntos en la cordillera Cantábrica y en Portugal, donde se practica. El biólogo Javier Talegón, fundador de la empresa de ecoturismo Llobu, ve en ella el mejor ejemplo de que el lobo vivo puede ser rentable y que existen fórmulas para convivir en armonía.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/13/vidayartes/1389644564_955357.html

Lobo vivo, lobo muerto(sierra de la culebra)


El destino de los ocho lobos que se subastan para su caza en la reserva regional de la sierra de la Culebra (Zamora) se ha decidido este año a golpe de clic. Después de que un grupo ecologista, Lobo Marley, anunciara su intención de participar en la puja para librar de la muerte a alguno de los ejemplares, el municipio de Villardeciervos, un pueblo de la reserva, decidió evitar problemas. Por eso, para que los conservacionistas no estuvieran presentes en la tradicional subasta del lobo que se organiza a mano alzada cada año en el municipio, se ha hecho por Internet, a diferencia de la de venados y corzos, que ha continuado celebrándose en un bullicioso salón del pueblo lleno de cazadores. La Junta de Castilla y León asegura que el sistema telemático permite que la licitación se abra a más clientes.
Soto huye de los extremismos, como la iniciativa de Lobo Marley, y recuerda que el dinero de la caza se reparte entre los 41 pueblos de los 12 términos municipales de la reserva. El año pasado ascendió a 130.000 euros. Y, sobre todo, reniega de las personas que vienen de fuera a intentar “implantar sus normas sin contar con los de aquí”.Cazar al lobo sale caro. Este año ha alcanzado un precio medio de 4.000 euros, que se incrementa en 2.500 si se cobra la pieza. Los ecologistas han pujado por los animales, pero sin presentarse como asociación, y se niegan a desvelar cuántos han conseguido salvar hasta que no finalice el proceso administrativo por el temor de que, al no ser cazadores, se anule su oferta. La actuación ha despertado una polémica adormecida en una comarca acostumbrada a convivir con el cánido y el eterno enfrentamiento lobo-ganadero. José Manuel Soto, miembro de la Coordinadora de Agricultores y Ganaderos (COAG), opina que “no puede haber todos los lobos que se quiera”. “Llevamos años con las mismas manadas y la especie no tiene ningún peligro de desaparecer, en todo caso somos nosotros los que estamos en peligro”. El año pasado se cazaron 74 lobos en toda Castilla y León. En 2012 se registraron en la comunidad 748 ataques al ganado, con 1.923 cabezas muertas (2,5 por ataque). En la reserva hay un promedio de entre 15 y 20 ataques, en los que se matan muy pocas piezas.
En este escenario sobreviven unos 100 pequeños ganaderos, que han adaptado sus manejos al depredador. “Antes éramos muchos más”, sonríe Alfonso. Sus 40 vacas sestean tranquilas en un prado. A su vera descansan ocho terneros. Están a salvo. Cuatro mastines las vigilan, y para llegar hasta ellas hay que atravesar un pastor eléctrico (valla electrificada). “Con el lobo no puedes tener al ganado suelto. Realmente, lo que hacen los perros es ahuyentarlos”, aclara.
La especie encontró refugio en la Sierra de la Culebra mientras desaparecía de muchos lugares de la Península perseguida como una alimaña. Ahora la reserva es una de las principales zonas loberas de España. En sus 65.000 hectáreas, al noroeste de Zamora, en la linde con Portugal y Galicia, viven entre nueve y diez manadas (unos 90 ejemplares), además de otros dos o tres grupos itinerantes. En toda la comunidad hay seguras 132 manadas y 69 probables, según datos de la Junta de Castilla y León. La especie se puede cazar por encima del río Duero, y está protegida por debajo de ese límite y también en Portugal.Desde hace unos años, la población de la Culebra ha aumentado con un grupo de empresarios que centran su negocio en el avistamiento del lobo y que abogan por no matarlo. “El lobo vivo es un recurso increíble y tratamos de demostrarlo. Es necesario tiempo para cambiar la mentalidad en la Culebra, pero se puede conseguir”, argumenta Fernando Mullor, un enamorado del entorno, dueño del centro de turismo rural Santa Cruz. Llegó hace 14 años para no marcharse. A pesar de su rechazo a que se cace a la especie, no comparte la iniciativa de Lobo Marley. “Personalmente estoy de acuerdo con muchas de las opiniones de Lobo Marley, pero la idea de entrar en la subasta no me parece acertada. Ellos se van, pero esta es nuestra casa y tenemos que vivir con nuestros vecinos, también con los ganaderos”, aclara Mullor.
“Aquí encuentran un territorio tranquilo y muy despoblado”, explica Vicente Matellán, jefe de la guardería forestal de la reserva regional. Son 8.200 habitantes repartidos en 41 localidades. La decoración de las oficinas de los forestales en Villardeciervos recuerda el papel que juega la caza en el entorno. Pieles de lobo o un ejemplar completo disecado se entremezclan con cornamentas de diferentes especies y tamaños. En un lugar destacado de la pared cuelga la cabeza de un lobo que muestra los dientes en actitud fiera, escoltado por las impresionantes cuernas de dos venados. “Lo abatimos hace años, después de que atacara a ocho ovejas”, relata Matellán, que se declara no cazador.
Él y su gente, “12 celadores”, son los encargados de dirigir las jornadas de caza, y de su preparación, que dura “todo el año”. No dejan un cabo suelto. Los forestales acompañan siempre a los cazadores, que deben partir satisfechos. De los lobos subastados, seis se capturan a la espera y otros dos en monterías. La espera se realiza en pequeños refugios, siempre bien camuflados, en los que apenas caben dos personas sentadas. Cerca de uno de ellos corre un manantial en el que se observan las huellas de los cánidos. Agua, comida, vegetación, el lugar ideal para observar las andanzas del lobo y para abatirlo.
Allí acecharán durante horas. Hasta que aparezca la pieza. “O no, porque no hay una fórmula científica; la primera regla es la paciencia, el lobo es un animal muy listo”, advierte Matellán. La temporada de caza arranca en noviembre y finaliza en enero. A unos 50 metros del refugio han depositado el cadáver de un corzo, a modo de cebo. De momento, solo para acostumbrar a los lobos. Las tornas cambiarán al abrirse la temporada, brujulear por esos lares implicará su muerte. Las piezas más codiciadas son la hembra y el macho alfa, de entre 35 y 40 kilos. Según va pasando la temporada de caza del lobo y se acerca la época reproductiva, se evita abatir a estos ejemplares.
En el otro extremo de la reserva, en Robledo, perteneciente a Puebla de Sanabria, aguarda un magnífico centro de interpretación del lobo. El alcalde de Puebla de Sanabria, José Fernández, lo muestra con orgullo y cierta resignación. A pesar de estar acabado hace dos años y haber costado casi cinco millones, sigue cerrado y los cercados en los que se iban a instalar lobos están vacíos. “Estamos en ello y la previsión es que se abra este año”, contestan desde la Junta de Castilla y León. “La intención era que actuara como centro dinamizador del turismo en toda la reserva”, explica el regidor. En el entretanto, ganaderos, cazadores, empresarios y vecinos intentan encontrar el equilibrio, con un epicentro: el lobo como recurso. El tiempo dirá si cinegético o no.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/21/actualidad/1395430780_017445.html